Cuarenta años atrás: El castillo de las momias de Guanajuato.

Cuarenta años atrás: El castillo de las momias de Guanajuato. (bilingual text).

English translation begins at the end of the article in Spanish.

Parte del equipo técnico y artístico de 'El castillo de las momias de Guanajuato' (Tito Novaro, 1973). Atrás se ven los vehículos de la productora.

Parte del equipo técnico y artístico de ‘El castillo de las momias de Guanajuato’ (Tito Novaro, 1973). Atrás se ven los vehículos de la productora. Foto de Carlos Lanuza.

Recientemente, Keith Rainville me envió un ejemplar de su último libro: Zombi Mexicano. En él habla extensamente sobre las películas mexicanas de momias, ilustrando cada una de ellas con innumerables carteles, fotomontajes y fotos fijas. Es una lectura muy recomendable para todos los aficionados a este cine. El texto, además de bien documentado, es verdaderamente delirante.

Zombi Mexicano me trajo muchos recuerdos de la época en que tuve la oportunidad de presenciar la filmación de varias de estas películas pobladas de momias robustas, siempre bien dispuestas para luchar y raptar víctimas, sobre todo si se trataba de muchachas bonitas. Estas cintas se basaban en historias sencillas, diseñadas de acuerdo con fórmulas pensadas para un público familiar. Se pretendía que todos pudieran encontrar algo atractivo en ellas, ya fuera la acción y la lucha en los cuadriláteros; los villanos y científicos locos ayudados por momias y otros seres extraños; espectáculos musicales; actrices guapas o los magníficos escenarios naturales y urbanos.

De las seis películas de momias producidas por la firma Agrasánchez, cinco se rodaron en Guatemala.

Hacer películas en el extranjero era una toda una experiencia. El productor tenía que buscar locaciones idóneas para el desarrollo de una historia, asegurarse de contar con el equipo y materiales necesarios, así como con la colaboración de personas del propio país, conocedoras de los servicios disponibles y los reglamentos legales relacionados con la filmación.

En el caso de la compañía Agrasánchez, el rodaje de películas fuera de México fue más bien forzado por las circunstancias; a principios de los años setenta, muchos productores necesitaban buscar alternativas para seguir trabajando, debido a las políticas excluyentes del Banco Nacional Cinematográfico. Filmar en Centroamérica fue una de las opciones viables. Aunque allá no existían estudios ni personal especializado, en cambio se contaba con magníficas locaciones, así como con el apoyo entusiasta de la comunidad y de las autoridades.

Las películas mexicanas filmadas en el extranjero en las décadas de los setenta y ochenta han sido erróneamente llamadas “piratas”, alegando que fueron realizadas a espaldas de las autoridades y sindicatos cinematográficos. La realidad es distinta. Los productores contrataban a los actores por medio de la ANDA (excepto en el caso de artistas y extras locales, por supuesto) y los técnicos pertenecían a la Sección 49 del STIC. No solamente pagaban las cuotas regulares por el personal contratado, sino que se cubrían tarifas adicionales por desplazamiento.

Se contrataba un staff con el mínimo de integrantes. No era difícil encontrar quiénes quisieran participar en estas producciones, por la oportunidad de viajar y por la baja de producción que se vivía en el país en esos años. Además, en locación no existía tanta rigidez en cuanto a las funciones de cada técnico, por lo que algunos de ellos aprovechaban para colaborar en actividades no incluidas en su descripción de funciones. En El castillo de las momias de Guanajuato, Luis Quintanilla, gerente de producción, tuvo también a su cargo el papel del doctor Simmons; Roberto Muñoz, ingeniero de grabación de diálogos, fungió como escenógrafo y el buenazo de Toño Castañeda, acreditado como maquillista, fue además pizarrista, ayudante de vestuario y chinchihuilla. Tito Novaro, el director de la película, tuvo a su cargo uno de los papeles protagónicos, que hizo estupendamente: el desequilibrado y macabro doctor Tanner.

No solamente se tenía que desplazar a los elementos artísticos y técnicos hasta Guatemala. También era necesario llevar todo el equipo y tramoya requeridos para la filmación. La productora, en este caso, contaba con sus propias cámaras y demás equipo necesario y con vehículos para transportar éstas y a los integrantes del staff. Viajaban en camión, más una camioneta  Combi y un remolque, utilizado por el personal administrativo de la producción.

Era importante llevar todo el equipo en perfectas condiciones, porque una falla o la falta de algún aparato en Guatemala hubiera significado retrasos en la filmación, puesto que en el país no existían servicios especializados. Para esto era fundamental la colaboración del cinefotógrafo y de sus asistentes. En este caso, la producción contó con el excelente equipo formado por Antonio Ruiz Kilo (así apodado por kilowatt), Lorenzo Contreras y Febronio Tepozte.

Normalmente se filmaba con una o dos cámaras, dependiendo de la toma. En ocasiones, cuando se trataba de escenas peligrosas o que implicaban el movimiento de mucha gente, se usaban tres. Todo se hacía con cámaras Arriflex de 35mm.

El equipo de cámara y sonido se probaba en México previamente a la partida. Se compraban rollos de negativo y se realizaban algunas tomas, para luego enviar el material al revelado. Si la calidad era satisfactoria, podía asegurarse que el equipo estaba funcionando debidamente.

En cuanto a los rollos de negativo, era necesario comprarlos todos con el mismo proveedor y revisar que se tratara de material producido en un solo lote. De esta manera se garantizaba la consistencia en la luminosidad y el colorido en toda la película.

En ocasiones el director ordenaba llevar también algunos objetos para la escenografía. Para El castillo, se imprimieron varios grabados de un libro de ocultismo en tamaño cartel para decorar el laboratorio del doctor Tanner.

Los actores de soporte y parte del personal hacían el viaje en autobús. El director y los actores protagonistas tenían la suerte de ir en avión. A mí me tocó viajar en camión de línea y en segunda clase, acompañando a Jaime Humberto U. (nunca supe a qué apellido correspondía la “U”; este actor y cantante es mejor conocido como Humberto Cabañas), quien hizo el papel de comisario de policía en la película. Era también amigo de la familia.

El viaje por carretera duraba dos días. Aún así no resultaba tan fastidioso, porque las carreteras estaban en buen estado y el trayecto era totalmente seguro. Además, se disfrutaba de paisajes magníficos. Al llegar a la ciudad de Guatemala, la gente se hospedaba en dos diferentes hoteles: uno para el director y los actores estelares y otro para el resto del reparto y los técnicos. En casi todos los casos, las habitaciones eran de ocupación doble o triple para mantener bajos los costos. A veces se contrataban suites, que no debían su nombre al lujo de su decoración; eran simplemente departamentos de dos habitaciones. Para El castillo, uno de los cuartos y la terraza del penthouse fueron usados para filmar algunas escenas. La estancia en el país era de tres semanas en promedio por película. Así fue en el caso de El castillo.

En Guatemala, la productora Agrasánchez contaba con la valiosa colaboración de Rafael Lanuza y su extensa familia. En El castillo de las momias de Guanajuato, cuatro integrantes tomaron parte: don Rafael y su hija Carolina en sendos bits; Carlos, como foto fijas; Óscar, como encargado de vestuario. La familia tenía la amabilidad de hospedar en su casa a algunos integrantes de la producción cuando era necesario.

El castillo se rodó principalmente en la ciudad de Guatemala, pero también tuvo locaciones en Antigua, así como en la zona del Lago Atitlán y en el Bosque de San Miguel. Hasta ahora me doy cuenta de que las escenas de lucha en la Arena se filmaron en la ciudad de México. Entre el público se ven mi hermano René y dos vecinas nuestras que definitivamente no hicieron el viaje a Guatemala.

En la película pueden verse tomas del lago y los volcanes Atitlán y Tolimán; varios tramos carreteros y vistas diversas de la ciudad de Antigua y de los tres volcanes que la rodean. Se hace referencia a las numerosas iglesias de la ciudad y pueden verse las fachadas de algunas de ellas.

Otras tomas se hicieron en la ciudad de Guatemala, de la que pueden verse algunos edificios históricos, como el Palacio Nacional de la Cultura y el Arco del antiguo Edificio de Correos, así como los monumentos de la Estrella y la Torre del Reformador.

Aún quien no goce de las películas de luchadores enmascarados contra momias redivivas puede disfrutar la riqueza natural y arquitectónica de nuestro país vecino.

Rescato a continuación algunos momentos de la producción de El castillo de las momias de Guanajuato, comentados por mi hermano Alex y por mí. Las fotografías en color las tomé yo, mientras que las fotos fijas en blanco y negro son de Carlos Lanuza.

Las anécdotas de Alex.

“Mi actuación en El Castillo de las Momias de Guanajuato no fue muy grande; sin embargo, me tuve que quedar la filmación completa en Guatemala. Compartía una pequeña recámara en la casa de Rafael Lanuza con la prima Geno, que era la que administraba el dinero y llevaba la contabilidad; siempre le hacía burla porque traía su portafolio lleno de billetes para todos lados, hasta para ir al baño.

“Con el dinero en efectivo que me pagaban de mi actuación me compraba juguetes guatemaltecos y los acomodaba debajo de mi cama, según yo para esconderlos y para que nadie los tocara; desgraciadamente, el hijo pequeño de Lanuza, (El Rafita) iba y los sacaba y jugaba con ellos todo el día mientras yo me iba a trabajar a la filmación. Llegaba yo cansado de filmar todo el día o toda la noche y los encontraba todos desacomodados. Un día de plano no me aguanté el coraje y me quejé con su mamá.

Jorge Bauza 'Pingüino', Alex Agrasánchez y actor no identificado en una escena de 'El castillo de las momias de Guanajuato'.

Jorge Bauza ‘Pingüino’, Alex Agrasánchez y actor no identificado en una escena de ‘El castillo de las momias de Guanajuato’. Foto de Carlos Lanuza.

“En cuanto a mi experiencia como actor en esta película, recuerdo que no tenía mucha comunicación con el director (Tito Novaro); me ponía nervioso pues era muy imponente y tenía una voz muy fuerte. Con el que platicaba más era con el asistente de director Luis Quintanilla, quién también hizo el papel de mi papá. Él era el que me daba consejos de cómo actuar. Me costaba trabajo la actuación… no sé por qué pero cada vez que estaba frente a la camara y decían; “¡Acción!”, me ganaba la risa de ver a los enanos junto a mí, tan serios… (yo creo que eran los nervios). Lo bueno es que casí siempre estaba amordazado porque supuestamente me habían secuestrado y con la pañoleta que me tapaba la boca no se me veía la sonrisa. Un día Luis Quintanilla me jaló detras de las cámaras y me dijo que recordara que en la película me habían secuestrado y que estaba preso en un castillo lleno de momias y que me debía de ver preocupado y angustiado; no se me olvida que me dijo: “piensa como si se acabara de morir tu mamá”.”

Alex aguantando la risa en una escena, en compañía de dos actores no identificados.

Alex aguantando la risa en una escena, en compañía de dos actores no identificados. Foto de Carlos Lanuza.

Mis fotografías.

Filmar en exteriores no es fácil. Cuando se hace de día, supone pasar jornadas enteras bajo los rayos del sol y con pocas comodidades. Es especialmente duro para el director, sus asistentes y el staff. Si se trata de hacerlo en locaciones agrestes, es doblemente pesado. Aquí vemos algunas imágenes del rodaje de las escenas iniciales de El castillo, realizadas en plena carretera y en algunos parajes circundantes.

Superzán (Alfonso Mora), Blue Angel (Orlando Hernández) y Tinieblas (Manuel Leal) esperando instrucciones del director Tito Novaro.

Superzán (Alfonso Mora), Blue Angel (Orlando Hernández) y Tinieblas (Manuel Leal) esperando instrucciones del director Tito Novaro.

Los luchadores se aprestan a ayudar a las damas en esta escena.

Los luchadores se aprestan a ayudar a las damas en esta escena.

La labor de equipo resultó en una película con excelente fotografía.

La labor de equipo resultó en una película con excelente fotografía.

Aquí vemos al equipo preparando una toma en pleno campo. Uno de los integrantes carga al hombro una de las cámaras Arriflex de la productora, mientras que al fondo se ve al director Tito Novaro y a sus asistentes, uno de ellos con una pizarra de sol en la mano.

Filmar en despoblado y bajo el sol inclemente no es tarea fácil.

Filmar en despoblado y bajo el sol inclemente no es tarea fácil. Foto Rogelio Agrasánchez Jr.

En esta imagen vemos cómo el equipo se las ingeniaba para resolver problemas de iluminación. Pensar en colocar pizarras de sol en plena carretera no era aconsejable, por lo que se utilizó una pieza de seda blanca para matizar la luz solar sobre las actrices Zulma Faiad y María Salomé. De esta forma, se logró un efecto natural y favorecedor. El director Tito Novaro, con gorra blanca, revisa que todo esté en orden, acompañado de su asistente. En primer plano, el gerente de producción, Luis Quintanilla.

Una forma ingeniosa de matizar la luz solar para que las actrices luzcan radiantes.

Una forma ingeniosa de matizar la luz solar para que las actrices luzcan radiantes. Foto Rogelio Agrasánchez Jr.

En este tipo de producciones cada actor debía llevar su propio vestuario, a menos que se tratara de un traje especial o un disfraz. Zulma Faiad lleva aquí un vestido que luego usó, años más tarde, en una de sus películas argentinas.

Zulma Faiad usaba su propio vestuario en la película. Este vestido volvió a llevarlo en una cinta posterior, realizada en Argentina.

Zulma Faiad usaba su propio vestuario en la película. Este vestido volvió a llevarlo en una cinta posterior, realizada en Argentina. Foto Rogelio Agrasánchez Jr.

Blue Angel y Superzán, a quienes vemos en esta imagen, fueron personajes creados para el cine por Rogelio Agrasánchez Sr. Blue Angel no era otro que Orlando Hernández, famoso fisiculturista venezolano que llegó a ostentar el título de “Mister Latinoamérica”. No sabía luchar y por ello su papel en las películas era limitado. Apareció en las cintas en las que Blue Demon no podía participar por tener otros compromisos. Afortunadamente, la creación de este personaje no enturbió la duradera relación existente entre mi papá y el gran luchador. Por su parte, Superzán era personificado por Alfonso Mora Veytia, quien sí logró convertirse en luchador profesional.

Blue Angel (Orlando Hernández) y Superzán (Alfonso Mora), héroes enmascarados creados para el cine. Foto Rogelio Agrasánchez Jr.

Blue Angel (Orlando Hernández) y Superzán (Alfonso Mora), héroes enmascarados creados para el cine. Foto Rogelio Agrasánchez Jr.

Rodar de noche en exteriores representa dos retos: la iluminación y la temperatura. Para El castillo se filmaron muchas escenas nocturnas y varias de ellas tuvieron como locación el Bosque de San Miguel. Al ver la película puede notarse la eficacia de la iluminación, que en un paraje como éste resulta complicado de lograrse. Aquí vemos a Zulma Faiad y a María Salomé en una de esas escenas. Preocupadas como estaban observando la pelea de los luchadores contra las momias, no se percataban que uno de esos zombies se acercaba amenazante. Cabe mencionar que la espectacular Zulma era más alta que cualquiera de las momias, por lo que cualquier intento de rapto hubiera resultado en fracaso.

Zulma Faiad y María Salomé en la filmación de una escena noctura. No saben que una de las momias las amenaza. Foto de Rogelio Agrasánchez Jr.

Zulma Faiad y María Salomé en la filmación de una escena noctura. No saben que una de las momias las amenaza. Foto de Rogelio Agrasánchez Jr.

Las máscaras de las momias fueron muy bien realizadas. No sé el nombre del artista que las creó, aunque bien puede tratarse de Antonio Neira, especialista en esta clase de trabajos. Aquí vemos algunas imágenes de estos horrorosos personajes en una de las filmaciones nocturnas.

Dos momias en plena filmación de una de las escenas nocturnas de 'El castillo de las momias de Guanajuato'. Foto de Rogelio Agrasánchez Jr.
Dos momias en plena filmación de una de las escenas nocturnas de ‘El castillo de las momias de Guanajuato’. Foto de Rogelio Agrasánchez Jr.
La momia posa con uno de los técnicos en un corto descanso de la filmación nocturna.

La momia posa con uno de los técnicos en un corto descanso de la filmación nocturna. Foto de Rogelio Agrasánchez Jr.

Aquí estoy yo (como me veía en 1973) con una de las terroríficas momias.

Posando con una de las momias. Foto de Rogelio Agrasánchez Jr.

Posando con una de las momias.

El buen ambiente de trabajo es fundamental en una filmación, sobre todo cuando se está en un país extranjero. Aquí posaron para la cámara Jaime Humberto, al asistente de producción Ernesto Fuentes (de anteojos oscuros) y a Jorge Bauza Pingüino con otros dos actores enanos, cuyos nombres desafortunadamente no recuerdo. Atrás se ve a uno de los choferes de la productora que también aparece en pantalla. Los actores enanos tenían muchas admiradoras en Guatemala. Siempre había jovencitas a la entrada del hotel, esperándolos para pedirles autógrafo y charlar con ellos.

El compañerismo era esencial en estas filmaciones. Jaime Humberto, Neto Fuentes (de lentes oscuros) y Jorge Bauza 'Pingüino' con tres actores enanos y uno de los choferes de la productora. Foto Rogelio Agrasánchez Jr.

El compañerismo era esencial en estas filmaciones. Jaime Humberto, Neto Fuentes (de lentes oscuros) y Jorge Bauza ‘Pingüino’ con tres actores enanos y uno de los choferes de la productora. Foto Rogelio Agrasánchez Jr.

Ésta es solamente una pequeña muestra del trabajo realizado por la productora Agrasánchez en Guatemala. Aunque sencillas, estas películas eran elaboradas por profesionales, quienes ponían su mejor empeño en lograr un producto adecuado al mercado infantil y familiar. Las historias, no hay que olvidar, eran totalmente fántasticas, como son en un sueño, en el que cualquier cosa puede suceder.

castillo

 

English translation.

Shooting a film abroad: El castillo de las momias de Guanajuato.

I received a copy of ‘Zombi Mexicano’, written and published by Keith Rainville, a few weeks ago. This profusely illustrated book is about the Mexican mummy films. It is a must-read for any fan of those cult movies. Besides being well documented, the text is uproarious.

‘Zombi Mexicano’ brought old memories to my mind; memories of the time I witnessed how my family’s company made several of those movies populated by hearty mummies, always willing to fight or to kidnap victims, mainly if they were gorgeous girls.

Those movies were based on uncomplicated stories, according to formulas designed to please all family members. The aim was that everyone could find something appealing in them, whether the action and wrestling scenes; the villains assisted by mummies and other weird beings; the musical performances, tantalizing actresses or the magnificent natural and urban sceneries.

Producciones Fílmicas Agrasánchez made five of its six mummy films in Guatemala.

Making movies abroad was quite an experience. The producer was to find the right locations for the story, assemble all the human and material resources needed, and be sure to count on the cooperation of local people with knowledge of the places, the available services, and the legal regulations related to filmmaking.

The Agrasánchez company’s decision to shoot abroad was in fact a matter of necessity; back in the 1970s, many producers who were excluded from the financing plans of the Banco Nacional Cinematográfico, had to look around for creative ways to continue working. Making their movies in Central America was a feasible solution. There were neither film studios nor specialists there, but a producer could find great locations and full support from the local authorities and the community.

Mexican movies made abroad in the 1970s-80s have been erroneously labeled as “pirate films”, claiming the producers did not care to get the due permits by the Mexican Department of State and the film industry guilds. That is not true, as the producers actually contracted staff members and actors through their unions; that is, Section 49 of STIC and the ANDA, respectively. Moreover, producers were to pay regular dues plus an extra fee for having the union members traveling abroad.

The staff’s size was cut to the bare minimum in order to trim costs down. Luckily, it was not difficult to find technicians that wanted to join those productions, since it meant an opportunity to travel, and also because there was very little work at the film studios back then.

Besides, there was a far more relaxed working environment while being on location; hence, some staff members got the opportunity to participate in activities not included in their job descriptions. In El castillo de las momias de Guanajuato, for instance, Luis Quintanilla, the production manager, was also cast as Dr. Simmons. Roberto Muñoz, the sound engineer, was also the set designer and the kindhearted Toño Castañeda, credited as make-up artist, was the clapper, costume assistant, and busboy too.

Tito Novaro, the director, was cast for one of the main roles in the movie, as the villainous Dr. Tanner. Being a seasoned actor, he delivered an excellent performance as the mad scientist.

Not only the cast and crew were to travel to Guatemala. It was necessary to carry every piece of equipment needed for shooting. The Agrasánchez company counted on its own cameras and the rest of the gear, as well as the vehicles to transport it and the technicians. A large truck, a Volskwagen Combi and a trailer were required for a production like El castillo. The trailer was used as the administration office.

All the equipment was to be taken to Guatemala in optimal working condition, because any problem there should mean a halt in the production, since there were not available specialized services in the country. The collaboration between the cinematographer and his assistants was of paramount importance in this respect. For El castillo, an excellent team was formed by Antonio Ruiz Kilo (the nickname is an abbreviation of kilowatt), and assistants Lorenzo Contreras and Febronio Tepozte.

Usually, one or two Arriflex 35 mm cameras were in use. If scenes were risky or involved a lot of action, three cameras were in operation.

All the equipment was checked in Mexico before leaving. In the case of cameras, film stock was purchased and a few feet were exposed. If the images turned out satisfactorily when developed, it meant the equipment was working flawlessly.

The stock needed for the entire film was purchased from the same supplier, and all should come from the same batch, in order to assure consistency of color and luminosity in the finished movie.

Sometimes, it was necessary to take some props for the set decoration. For El castillo, a few engravings from a book about occultism were reproduced in large format to hang on the walls of Dr. Tanner’s lab.

Supporting actors and some members of the crew traveled by bus. The director and starring actors got plane tickets. I had to go by economy class bus with Jaime Humberto U. (I never knew what the “U” was for; this actor and signer is better known as Humberto Cabañas). Jaime Humberto was cast as the chief of police.

The trip from Mexico City to Guatemala took about two days. It was not too tiresome, because the highways were good and safe. Besides, the natural scenery made the trip more pleasant. In Guatemala, supporting actors and crew stayed at one hotel, while the director and leading actors stayed at a slightly better one. Almost everybody had to share room with one or two people, in order to keep costs low. Sometimes, suites were booked; those were not luxury lodgings, just two-room apartments. For El castillo, the penthouse terrace and a room of one of the hotels were used for a pair of takes. Shooting on location usually took three weeks; that was the case for El castillo.

In Guatemala, the Agrasánchez company counted on the invaluable cooperation of Rafael Lanuza and his large family. Four of its members took part in El castillo de las momias de Guanajuato: Rafael Sr. and his daughter Carolina got bit parts; Carlos was the stillman, and Óscar was the costume supervisor. Moreover, the Lanuzas’home accommodated some members of the cast and crew.

El castillo was shot mainly in Guatemala City, but also had locations in the city of Antigua, as well as at the Atitlán Lake and the San Miguel woodland areas. The wrestling scenes at the arena were shot in Mexico City. I have not noticed that until I saw in the film my brother René and two of our neighbors among the spectators; they positively did not travel to Guatemala.

In the movie, one can see views of the lake and of the Atitlán and Tolimán volcanoes; the highways, and the city of Antigua and the three volcanoes that surround it. The wrestlers’s dialogue makes reference to the numerous churches in Antigua (about 200), and the façades of several of them are shown.

Of Guatemala City, one can see some historical buildings, like the Palacio Nacional de la Cultura and the Arco del antiguo Edificio de Correos, as well as the monuments of La Estrella and the Torre del Reformador.

Even people that are not fans of movies featuring masked wrestlers and revived mummies can enjoy the splendid natural sceneries and urban sites of our neighboring country.

I would like to relive some of the shooting of El castillo through photographs and commentaries made by my brother Alex and myself. I took the color photos, while the b&w ones were made by Carlos Lanuza.

 Alex’s anecdotes.

“My role in El castillo de las momias de Guanajuato was rather small; nevertheless, I had to stay in Guatemala for the whole shooting. I was a guest at Rafael Lanuza’s home, where I shared a room with my cousin Geno. She was on charge of administration and accounts payable; I used to poke fun at her, because she took her case –where she kept cash- everywhere, even into the bathroom.

“I used to buy Guatemalan toys with my wages. I carefully placed the playthings under my bed to keep them away from anybody’s reach; alas, Rafael Sr.’s little son (nicknamed Rafita) would take them to play all day long, while I was working. Each time I pulled in after working a whole day or night, I found my toys all in disarrange. One day, I could not put up with it anymore, and complained to Mrs. Lanuza.

“As to my experience as an actor in the movie, I remember I had not a good rapport with Tito Novaro, the director; he made me nervous because of his very strong voice and his imposing figure. My relation with the production manager, Luis Quintanilla –who played my father’s role in the film-, was much better. He advised me about how to perform. Acting was difficult for me…I do not why, but any time I was before the camera, and saw the little actors next to me, so composed, I felt like laughing (because of the stress, I guess). Luckily, I was gagged most of the time because I had been kidnapped, so my ill-timed grin would not show. One fine day, Luis Quintanilla pushed me out of frame and told me to remember that I have been kidnapped (in the movie, of course) and was kept captive at a castle packed with mummies; I should look worried and fretful. I will never forget what he said: “Imagine your mom has just passed away”.”

 My photos.

Shooting a movie outdoors is not easy matter. In daylight, it entails spending long hours under a scorching sun, with no amenities available. If locations are in the countryside, it is twice as wearisome, but the director, his assistants, and the rest of the crew have to keep going. Here we see some images pertaining to the shooting of the initial scenes of El castillo, made on a highway near the city of Guatemala.

Shown here are the director and his crew preparing the shooting of a scene in rough terrain. One of the crew members carries an Arriflex camera; Tito Novaro is in the back with his assistants; one of them is holding a light reflector.

Here is how the crew solved lighting problems in the spot. Placing light reflectors on a highway would be an ill-advised thing to do; instead, a piece of silk was used to filter the light on actresses Zulma Faiad and María Salomé. Tito Novaro (the man with the white cap) and his assistant are checking everything is ready. Luis Quintanilla, the production manager, is in the foreground.

In this kind of independent productions, actors were to bring their own costumes (except in the case of special outfits, like the mummies’). In this image, Zulma Faiad wears a dress she donned for one of her Argentinean films a few years later.

Blue Angel and Superzán, whom we see in this picture, were characters created for film by Rogelio Agrasánchez Sr. Blue Angel was Orlando Hernández, a famous Venezuelan bodybuilder who once won the ‘Mister Latinoamérica’ title. He had no wrestling skills, so his role in movies was limited. He took the place of Blue Demon who was unable to take part in this movie due to other engagements. Fortunately, the creation of this character would not affect the good rapport existent between my father and the noted wrestler. Superzán was embodied by Alfonso Mora Veytia, who became a wrestler in real life using the name and costume created by my father.

Shooting outdoors at night is a two-sided challenge: one must control light and cope with low temperatures. For El castillo, many night scenes were shot; several of them in the San Miguel woodlands. The cinematographer’s good work is evident in the night scenes. The following picture shows Zulma Faiad and María Salomé in one of those takes; both were so attentive to the wrestlers fighting the mummies that would not notice one of the resurrected beings approaching from behind. Though any attempt by the mummies at kidnapping Zulma Faiad would have proven unsuccessful, since she was taller (and probably heavier) than any of them.

The mummies’s masks were well designed. I do not know for sure who made them, but possibly Antonio Neira was the expert artist behind them. The following pictures show a pair of those heinous characters during a night shooting.

Here I am, in 1973, with one of the horrifying mummies.

Camaraderie is of top value during the making of a movie, mainly when it is shot abroad. Here we see Jaime Humberto and production assistant Ernesto Fuentes (wearing sunglasses), and Jorge Bauza Pingüino with other two little actor, whose name I do not remember. On the back, there is one of the company’s drivers, who also appeared onscreen. The little actors had many admirers in Guatemala. There were always several young women waiting for them at the hotel lobby to get their autographs and chat a little.

This is a small sample of the work of Producciones Agrasánchez. Though uncomplicated, these films were made by professionals who put their energies into doing a product suitable for kids and families. The fantastic stories were just like a dream, because anything could happen in them.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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