Lilia del Valle, una belleza excepcional.

Lilia del Valle, una belleza excepcional.

En recuerdo de la recién desaparecida actriz Lilia del Valle (1931-2013), reproducimos aquí un artículo corto escrito por Rogelio Agrasánchez Jr., publicado originalmente en inglés en www.mexfilmarchive.com en 2008.

 

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 Lilia del Valle nació Lilian Welker, hija de inmigrantes alemanes radicados en México. Fue primera actriz y una celebrada belleza durante la Época de Oro del cine mexicano. Se retiró muy joven, luego de haber contraído matrimonio y dar a luz a su único hijo.

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 Los aficionados al cine mexicano clásico seguramente recordarán a una actriz de belleza impresionante y nombre poético: Lilia del Valle. A lo largo de su carrera tomó parte en 33 películas, varias obras de teatro; aparte, realizó presentaciones personales como bailarina y cantante. A ella se le sigue considerando como uno de los símbolos sexuales de los años cincuenta. Sin embargo, pocos saben su verdadero nombre: Lilian Welker Gundlach. Hablé con ella por primera vez en 2001, cuando preparaba mi libro Bellezas del cine mexicano. Tanto le insistí, que me hizo favor de enviarme una carta muy extensa, en la que me escribió acerca de su familia, su educación y su súbito ascenso al estrellato. Los padres de Lilian llegaron a México a pasar su luna de miel. Su destino final eran los Estados Unidos, pero su padre recibió una buena oferta de trabajo y decidió que se quedaran en México. Lilian nació cuatro años después, en 1931. Ella y Marion, su hermana menor, estudiaron la primaria en el Colegio Alemán de la ciudad de México. Luego la familia pasó dos años en Berlín, donde las hermanas aprendieron a hablar el alemán en forma fluida (de hecho, en ocasiones se hablaban entre ellas en este idioma). Cuando regresaron a México, volvieron al Colegio Alemán, del que se graduaron de Secundaria. Dado que Lilian tenía facultades para el dibujo, sus padres la motivaron para que tomara clases de pintura con el renombrado artista español exiliado en México, Josep Bardasano.

Lilia del Valle en los inicios de su carrera artística.

Lilia del Valle en los inicios de su carrera artística.

Lilian tenía quince años entonces. El primer día que acudió a su clase de pintura, se atravesó a comprar unos pastelillos. En forma inesperada, un hombre que salía de una casa vecina se tropezó con ella. La charola voló por los aires y el caballero hubo de ofrecer una disculpa. Su nombre era Alejandro Salkind y era productor de cine. Lilian recibió elogios a su belleza y la invitación del empresario para acudir a los estudios para una prueba de actuación. Huelga decir que los padres de Lilian rechazaron el ofrecimiento. Sin embargo, luego de que el señor Salkind insistiera, el permiso fue obtenido y la joven se presentó para la prueba, llevando a su madre por chaperona. La prueba duró unos cuantos minutos. Lilian posó frente a la cámara y dijo brevemente: “Quiero ser actriz de cine”.

Lilian pronto olvidó la experiencia. En realidad, ella nunca supo que la “prueba” era una escena que se incluyó en una película poco conocida, Hijos de la mala vida (Agustín P. Delgado, 1946). Naturalmente, no recibió paga alguna por su bit. Por eso ella siempre pensó que su debut cinematográfico tuvo lugar en Allá en el Rancho Grande en su segunda versión, dirigida por Fernando de Fuentes en 1948. Poco antes de estelarizar esta película, Lilian había estado tomando clases de actuación en la prestigiosa academia de don Gustavo Villatoro, quien personalmente se encargó de su instrucción. Un buen día, el director Fernando de Fuentes se apareció en la academia y le preguntó a Lilian si quería actuar en una película. Le ofreció el papel protagónico femenino en Allá en el Rancho Grande, que iba a ser filmada a colores. Cuando la joven se dio cuenta de que el famoso Jorge Negrete iba ser su pareja en el filme, casi se desmayó. Ella, que era gran admiradora del charro cantor, estaba muy emocionada cuando estrechó su mano por primera vez. En esa entrevista, la aspirante a actriz estaba tan nerviosa que casi no pudo articular palabra.

Luego, Lilian hubo de convencer a su padre de que la dejara tomar parte en la cinta. Lo consiguió al fin, con la condición de que su madre la acompañara durante toda la filmación. Su papel de campesina ingenua de la que tres hombres se enamoran requería que la joven besara a Jorge Negrete en la boca. Una multitud en el foro observaba esta importante escena, que por cierto fue la primera en ser filmada. Mientras la cámara corría, Lilian no pudo contener la vergüenza e instintivamente empujó a Jorge Negrete. Ella pensó que el galán se había enojado, pero él simplemente realizó la escena de nuevo; esta vez con éxito. Gracias a la comprensión y apoyo de Jorge Negrete su actuación en la película fue elogiada y su carrera despegó, según la actriz misma lo declaró recientemente. Lilia del Valle había nacido.

Lilia del Valle en 'Para que la cuña apriete' (Rafael E. Portas, 1950).

Lilia del Valle en ‘Para que la cuña apriete’ (Rafael E. Portas, 1950).

En febrero de 1954, Lilia del Valle sufrió un aparatoso accidente automovilístico. Para mayo del mismo año, ya recuperada, retomó su carrera. En esta fotografía está en el hospital acompañada de su hermana Marion y de su madre.

En febrero de 1954, Lilia del Valle sufrió un aparatoso accidente automovilístico. Para mayo del mismo año, ya recuperada, retomó su carrera. En esta fotografía está en el hospital acompañada de su hermana Marion y de su madre.

Es asombrosa la rapidez con que Lilia llegó al estrellato. Su nombre alcanzó la fama en forma casi instantánea. Su capacidad para actuar con naturalidad todos sus papeles es fascinante y su espontaneidad es notoria en varias comedias: Las tres alegres comadres, Las interesadas, Mis tres viudas alegres y Las cariñosas. Realmente es un placer ver las actuaciones de Lilia en estas historias de “muchachas coquetas y simpáticas que eran siempre alegres, buenas cantantes y bailarinas, aparte de tener figuras curvilíneas”. En Las tres alegres comadres, por ejemplo, Lilia es la seductora ‘Perla’, una joven ambiciosa que siempre está masticando chicle y comiendo botanas; su pretendiente es el luchador fracasado ‘Tranquilino’ (Wolf Ruvinskis). Estas películas son los mejores remedios para el aburrimiento. Cualquiera que aprecie ver muchachas guapas y guste de divertirse por hora y media, seguramente gozará estas cintas.

Cartel de la película 'Las tres alegres comadres' (Tito Davison, 1952). Arte de Ernesto García Cabral.

Cartel de la película ‘Las tres alegres comadres’ (Tito Davison, 1952). Arte de Ernesto García Cabral.

Lilia del Valle en 'Mis tres viudas alegres' (Fernando Cortés, 1953).

Lilia del Valle en ‘Mis tres viudas alegres’ (Fernando Cortés, 1953).

Aparte de las comedias, Lilia del Valle disfrutaba el participar en dramas. Hay varias películas de este género en su filmografía: Médico de guardia, Te sigo esperando, Un príncipe de la iglesia, El gran autor, Kid Tabaco, etc. Una de sus películas favoritas era Peregrina (1950), un melodrama de época dirigido por Chano Urueta. En ella, Lilia personificó a Mariana O’Neill, una irlandesa rubia que incita las pasiones de sus pretendientes. La actriz se tiñó el cabello para realizar este papel y tuvo que rodar unas escenas a caballo, cosa que no había hecho nunca. El caballo se puso un poco nervioso mientras ella lo montaba y se echó a galope. Rápidamente, otro jinete corrió tras ellos y logró detener al animal. Lilia también recordaba la música romántica de la cinta, así como el precioso vestuario.

Detalle del cartel de la película 'Peregrina' (Chano Urueta, 1950). Arte de Antonio Caballero.

Detalle del cartel de la película ‘Peregrina’ (Chano Urueta, 1950). Arte de Antonio Caballero.

Lilia no solamente trabajaba en cine; también tomaba parte en obras teatrales. Su debut en las tablas tuvo lugar en Llega un inspector, obra en la que compartió créditos con José Elías Moreno, Beatriz Jimeno, Adalberto Ramírez[1] y Joaquín Cordero. Se estrenó en el Teatro Latino, uno de los más grandes en la ciudad de México con una capacidad de 500 espectadores; estaba ubicado en la Avenida Reforma. Lilia tomó parte más adelante en El gran cardenal, presentada en el mismo teatro y que se convirtió en un éxito de taquilla. Esta obra fue una adaptación del original del mismo título, escrito por Jan van Leyden. El primer actor Julio Villarreal tuvo el papel protagónico, el ‘Cardenal Mindzenty’, un controvertido líder eclesiástico. La obra fue llevada al cine; Villarreal y Lilia del Valle conservaron las partes que habían representado en el teatro. Otra obra que la actriz consideró como “muy original y muy buena” fue Los Fernández de Peralvillo. En esta “comedia de la vida real”, Lilia compartió el escenario con Víctor Parra, Maricruz Olivier y doña Prudencia Grifell. Cuando la obra fue adaptada para el cine en 1953, Víctor Parra fue el único integrante del reparto teatral que conservó su parte en la película. Para entonces, Lilia se había integrado al elenco de Las cariñosas, comedia en la que se aprovecharon al máximo su belleza y su humorismo.

Lilia del Valle se presentó dos veces en el Teatro Lírico, uno de los más importantes en la ciudad de México, acompañada por un grupo de bailarines. También realizó giras por el interior de la República y en el suroeste de Estados Unidos con un trío.  Poco antes de retirarse de la actuación, Lilia tomó parte en la obra La carroza del rey, presentada en Ciudad Juárez, Chihuahua. El reparto estaba formado solamente por ella y por el actor español José Baviera. Recordando la obra, la actriz comentó: “Fue una comedia agradable y muy divertida”.

Lilia del Valle ataviada para una de sus presentaciones en teatro.

Lilia del Valle ataviada para una de sus presentaciones en teatro.

Al preguntarle si alguna vez grabó un disco, ella respondió: “Desafortunadamente no, pero me hubiera gustado mucho. La tecnología no estaba lo suficientemente avanzada en esos días. Ahora se puede lograr que casi cualquier voz suene magnífica [en disco], aunque el escucharla en vivo sea decepcionante”.

Cuando mi libro “Bellezas del cine mexicano” se presentó en la Muestra de Cine de Guadalajara en 2002, Lilia del Valle acudió con gran entusiasmo. Se sentó entre el público en el auditorio del Museo Regional; iba acompañada de su hermana Marion y su sobrina Diana. A los setenta años, doña Lilia se veía estupenda. Luego de la recepción, nos sentamos a hablar de sus películas. Ella comentó que una de las más difíciles de realizar fue La bruja (Chano Urueta, 1954), una película de horror atmosférico en que tuvo que usar maquillaje especial para su papel de mujer deforme. Todos los días tenía que someterse a un proceso de caracterización a cargo del maquillista, mismo que llevaba varias horas. No solamente se alteraba su rostro, sino las manos y un lado del pecho. La película trata sobre un científico loco que experimenta en una vagabunda contrahecha. El hombre logra convertir a la miserable criatura en una mujer de extraordinaria belleza, a quien planea utilizar para seducir y matar a varios hombres por venganza. Uno tras otro, las víctimas caen presa de sus encantos.

En primera fila, de derecha a izquierda, la señora Lilian Welker, su hermana Marion y su sobrina Diana.

En primera fila, de derecha a izquierda, la señora Lilian Welker, su hermana Marion y su sobrina Diana, durante la presentación del libro ‘Bellezas del Cine Mexicano’ en Guadalajara, en marzo de 2002. La fotografía no hace justicia a la belleza de doña Lilian.

La fama también tiene sus inconvenientes, según la opinión de Lilia del Valle. Ella era invitada de honor en eventos públicos frecuentemente. Algunas de estas presentaciones no terminaban muy bien. En una ocasión, por ejemplo, fue a Tijuana a inaugurar una sala de cine, acompañada por el actor y cantante Antonio Badú. Una gran multitud los esperaba en el aeropuerto; en un momento, los fanáticos la rodearon y la acorralaron hasta el punto en que se sintió en peligro. Badú corrió rápidamente a sacarla de ahí; lo logró, pero le robaron la valiosa pluma fuente que llevaba en uno de los bolsillos.

Otra desventaja de la fama era que, como actriz reconocida, Lilia no podía salir a la calle sin arreglarse. Aún cuando se tratara de ir a comprar el mandado, estaba obligada a vestirse y maquillarse de acuerdo con su imagen pública. Mantener esa imagen impecable y glamorosa significaba mucho esfuerzo.

En 1960, luego de filmar Secuestro en Acapulco, Lilia del Valle decidió que era ya tiempo de casarse y formar una familia; así lo hizo. De todos modos, a instancias de un productor apareció en una última película: un papel especial en La recta final (1965). Esta cinta fue dirigida por Carlos Enrique Taboada; el argumento aborda las historias de siete jockeys que compiten ferozmente para ganar una carrera muy importante. El papel de Lilia es el de una cantante de cabaret relacionada con un apostador sin escrúpulos. Desafortunadamente, su personaje no fue bien desarrollado y tuvo muy pocas líneas, lo que puede atribuirse a las numerosas historias incluidas en el argumento. Elsa Cárdenas, Carmen Montejo y Emilio Indio Fernández también tomaron parte en la película.

Lilia del Valle se ha dedicado a la pintura para expresar sus inquietudes artísticas, como lo han hecho otros actores y actrices ya retirados del cine mexicano. Su agenda la mantiene muy ocupada y tiene planes para exhibir su obra en República Dominicana, donde viven su hijo y sus nietos.

autorretrato1

Aparte de tener el honor de tratar a doña Lilia, tuve el honor de recibir un obsequio suyo. Tuvo la amabilidad de regalarnos a mi esposa y a mí un autorretrato al gouache, el cual nos dedicó. Es una imagen que revela mucho de la personalidad de la actriz, que aparece cubierta con un rebozo. Sus ojos nos observan con inocencia, mientras sostiene una rosa entre las manos. El retrato adorna una de las paredes de mi estudio, justo frente a mi escritorio. Cada día, cuando me siento a escribir, ‘Crucita’ –la joven y frágil heroína de Allá en el Rancho Grande– parece saludarme con su enigmática sonrisa.

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 Luego de algunos encuentros en 2002, nunca tuve la oportunidad de volver a ver a doña Lilian Welker. Su belleza y gran personalidad los recordaré siempre.


[1] Alberto Mariscal.

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