De primeras tiples a actrices de soporte: María y Eoísa Valdealde Fuertes

De primeras tiples a actrices de soporte: María y Eoísa Valdealde Fuertes.

© Agrasánchez Film Archive, 2013.

El cine mexicano atrajo a numerosas figuras del teatro a lo largo de varias décadas. Entre ellas se encontraban algunas primeras tiples de gloriosa trayectoria, como Mimí Derba, doña Prudencia Grifell, María Conesa y las hermanas María y Eloísa Valdealde.

María y Eloísa fueron hijas de la famosa primera tiple barcelonesa Rosa Fuertes, nacida a fines de los 1860s, y del director de orquesta y compositor español Joaquín Valdealde.

Rosa Fuertes alcanzó gran fama en el mundo de habla española por su belleza y talento. En México fue una de las más relevantes figuras de su tiempo. Se le admiraba por su voz portentosa y su capacidad dramática. Eventualmente -ya viuda- se estableció en la ciudad de México, donde permaneció hasta su fallecimiento, el 5 de marzo de 1940.

La bella artista Rosa Fuertes en 1899.

La bella artista Rosa Fuertes en 1899.

María y Eloísa nacieron en Barcelona. No hemos logrado averiguar sus fechas de nacimiento, pero sabemos que María nació alrededor de 1886 y Eloísa en 1889, de acuerdo con los datos asentados en manifiestos de migración y listas de pasajeros de líneas marítimas.

Ambas hermanas heredaron las facultades artísticas de sus padres, llegando a ser primeras tiples. De las dos, María fue quien alcanzó mayor fama. Eloísa vivió muchos años en Los Ángeles, California, alternando sus actividades teatrales con sus obligaciones como madre y esposa, así como con una activa vida social. Obtuvo una pequeña parte en In Old Arizona (Irving Cummings, Raoul Walsh, 1929), la primera película “100% hablada” de la Fox.

En la década de los treinta la encontramos viviendo en la ciudad de México, luego de haber enviudado de su primer marido. Poco se sabe de sus actividades en ésta, excepto por su participación en Águilas frente al sol (Antonio Moreno, 1932). Aunque la película no existe, doña Eloísa aparece en una de las fotos fijas que se conservan. Aquí reproducimos su imagen.

Eloísa fue mujer de gran personalidad y refinamiento. Tenía una voz muy bien modulada y sus ojos eran expresivos. Puede aún vérsele en la película mexicana La obligación de asesinar (Antonio Helú, 1938), en el papel de una distinguida señora, testigo de un crimen. Ella falleció a principios de 1939.

Eloísa Valdealde en la escena final de 'Águilas frente al sol' (Antonio Moreno, 1932).

Eloísa Valdealde, en primer plano, en la escena final de ‘Águilas frente al sol’ (Antonio Moreno, 1932).

En cuanto a María, de acuerdo con las fuentes consultadas, debutó en teatro en el papel de ‘El Delfín’ en la zarzuela “La tragedia de Pierrot”, presentada en el Teatro Tívoli en su natal Barcelona. Luego, recorrió “toda la América Hispana” con su madre, doña Rosa Fuertes. Por una temporada tuvo su propia empresa.

Posteriormente estuvo un tiempo en la compañía de María Conesa, con la cual realizó una gira por el Estado de Texas en abril de 1919. En San Antonio se presentaron en el mejor teatro para el público de habla española, el Nacional. María Valdealde era elogiada en las notas publicadas acerca de esta empresa como “primera tiple lírica, de bella y potente voz”.

En 1920, ya con la compañía de Amparito Guillot, se presentó en El Paso, Texas, en el gran Teatro Colón. El periódico La República publicó un elogio sobre su papel de ‘Micaela’ en la ópera Carmen, de Georges Bizet:

María Valdealde, que es una eminencia en escena; que heredó de su madre la inolvidable Rosa Fuertes, belleza y talento, y que es una artista de positivo valor y mérito, canta la Micaela de la ópera de Bizet con ese sentimiento arrebatador que tanto conmueve al público; hablando a José de la madre ausente y del hogar. María Valdealde es en ‘Carmen’ un elemento indispensable; tal vez sin ese elemento la obra resultaría incompleta, pues no hay en la compañía una tiple de la talla de ésta que ha conquistado cartel envidiable.[1]

En misma compañía figuraba el primer tenor Vicente García y Cavero, también conocido como Vicente G. Cavero, con quien María se casó.

Cavero había formado parte de la compañía de Amparo Romo a principios de la década de los años diez y posteriormente residió por varios años en El Paso, Texas. En dicha ciudad permaneció la pareja de artistas por un tiempo.

En enero de 1928, María volvió a presentarse en San Antonio, Texas, haciéndose de nuevo acreedora a notas elogiosas en los periódicos locales. El reportero de espectáculos de La Prensa halagó “su bien timbrada voz, con la que hizo que resonara en la sala de aquel coliseo una de las ovaciones más grandes que se hayan escuchado desde su inauguración”. Agregó: “La cupletista Valdealde es obligada a bisar [repetir] sus números todas las noches, entre los aplausos de la concurrencia”. Un mes después, seguía en San Antonio, como parte de la compañía de los hermanos Areu.

A fines del mismo año María Valdealde llegó a Los Ángeles, luego de una gira por el suroeste estadounidense. Se presentó en el Teatro Hidalgo. En esta ocasión, venía como “cupletista y tonadillera”, aunque la empresa del teatro aprovechó su gran prestigio como intérprete de zarzuela y opereta, presentando varias de las obras favoritas del público angelino, con la Valdealde a la cabeza del reparto.

Los periodistas de teatro admiraban en María no solamente su arte, sino “su figura atractiva, su temperamento emotivo y su gusto en el vestir”. Se le consideraba una mujer “elegantísima”.

Se comentó que la señora Valdealde tenía temor de presentarse como tonadillera y cupletista, ya que su especialidad estaba en la zarzuela y la ópera. Sin embargo, el público y la crítica acogieron con gran entusiasmo su nueva faceta:

Dentro de esta nueva manifestación artística que cultiva, [María Valdealde] sienta ejecutoria de exquisita interpretadora de la canción de la tonadilla y del cuplé. Porque María Valdealde no simboliza el tipo cómico-trágico de la “tanguista” neurótica ni la tonadillera cursi; encarna, por el contrario, el tipo clásico de la artista que sabe hacer creaciones de cada motivo musical. Y a esto habrá que sumar su distinción, su gracia y su porte arrogante.

Para su presentación escogió, con delicado gusto, tres canciones españolas y tres mexicanas: “Clavelitos”, “¿Por qué te quise?”, “La Europea” (pasa-calle); “Menudita”, “Nunca” y “Ojos tristes”. En la canción española se nos mostró castiza, desenvuelta, a veces violenta, pero siempre cautivadora; mientras que cantando motivos mexicanos, supo dar a éstos ese sentido que, sin ser lánguido, distingue a nuestros cantantes. En suma, cabe decir que por el foro del “Hidalgo” flotó y flota un sugestivo ambiente artístico gracias a la presencia de María Valdealde.[2]

En los años treinta se estableció en la ciudad de México. Se desconoce en qué película haya hecho su debut cinematográfico; obtuvo sus primeros créditos en La calandria (Fernando de Fuentes, 1933) y Sagrario (Ramón Peón, 1933). La primera imagen que hemos encontrado de ella es una foto fija de la película Papá se enreda otra vez (Miguel Zacarías, 1938). Esta imagen nos presenta una nueva faceta de la artista: la comicidad.

María Valdealde golpea con su sombrilla a Leopoldo 'Chato' Ortín en 'Papá se enreda otra vez' (Miguel Zacarías, 1938). Entre los actores, reconocemos a José Rocha, de bigote y barba blancos, al fondo.

María Valdealde golpea con su sombrilla a Leopoldo ‘Chato’ Ortín en ‘Papá se enreda otra vez’ (Miguel Zacarías, 1938). Entre los actores, reconocemos a José Rocha, de bigote y barba blancos, al fondo.

La señora Valdealde conservó siempre su porte y elegancia. En el cine mexicano hizo papeles de señora refinada, de vecina chismosa y de cantante. En Gran casino (Luis Buñuel, 1947), hizo un papel breve: es una cantante de ópera venida a menos, que interpreta un número clásico ante la burla de un público zafio. Es una de las pocas oportunidades en que podemos disfrutar la preciosa voz de la artista.

María Valdealde tomó parte principalmente en películas cómicas. Su rostro expresivo y su evidente sentido del humor la convirtieron en una presencia memorable.

Aquí les mostramos imágenes de ella en El rey del barrio y en No me defiendas, compadre, ambas dirigidas por Gilberto Martínez Solares en 1949.

María Valdealde en 'El rey del barrio'.

María Valdealde en ‘El rey del barrio’. A su izquierda, el guionista y actor matamorense Juan García.

María Valdealde en 'No me defiendas, compadre'.

María Valdealde en ‘No me defiendas, compadre’.

Fuentes consultadas:

Viñas, Moisés. Índice cronológico del cine mexicano. México, D.F. Dirección General de Actividades Cinematográficas, 1992.

Cosmopolitan: A Monthly Illustrated Magazine. Vol. XXVII, May-October 1899.

El Heraldo de México. Los Ángeles, California, 1919-1928.

La Prensa. San Antonio, Texas, 1918-1940.

La República. El Paso, Texas, 1918-1920.

Border Crossings from Mexico to the United States 1895-1957. NARA.

Lists of Passengers. Ellis Island Foundation.

Lists of New York Passengers 1905-1907. NARA.

U.S. Federal Census 1930.


[1] “El beneficio de Clemencia Llerandi será una nota de alegría y buen humor”, La República, El Paso, Texas, octubre 8 de 1920, p. 8.

[2] “María Valdealde triunfó en la noche de su debut”, El Heraldo de México,  Los Ángeles, California, diciembre 7 de 1928, p. 6.

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