A un actor desconocido: Pedro León.

A un actor desconocido.

 

Por Helen Ludlam (original en inglés, publicado en Photoplay Magazine, en su edición de octubre de 1931, en las páginas 70 y 110).

Traducido en el Archivo Fílmico Agrasánchez.

Actor y doble Pedro Léon (1876-1931).

Actor y doble Pedro Léon (1876-1931).

 

Este artículo es de interés para las personas que desean conocer más acerca de los mexicanos en Hollywood en la época muda e inicios de la sonora, que fueron miles. Desafortunadamente, muchos permanecen en el anonimato. Esperamos que sus historias se vayan develando poco a poco. La de hoy se refiere a Pedro León: actor, doble y coordinador de escenas especiales, tales como estampidas de ganado. Pedro declaraba haber nacido en Tucson, Arizona, en 1876, aunque en la base de datos genealógicos de dicho Estado no aparece su nombre. Antes de dedicarse al cine, León fue vaquero en espectáculos del Oeste, como el Miller Brothers Wild West Show y el Buffalo Bill’s Show.

 El Motion Picture Studio Directory de 1919 lo describió como actor y doble para escenas de nado, de lazado y a caballo; su estatura era 1.82 m. y su peso de 91 kg. Trabajó para varias productoras, como Mutual, NYMP, Universal y Fox. En 1914, obtuvo el papel del presidente George Washington en la película “Washington at Valley Forge”. En ese mismo año llegó a California para quedarse. Su última película fue “The Connecticut Yankee”, estelarizada por sus queridos amigos Will Rogers y William Farnum. Murió en julio de 1931.

 El prólogo de Will Rogers estaba incluido en el artículo de la Sra. Ludlam.

 

*****

Nunca se escribió un artículo sobre él mientras vivió.

Lea éste ahora. Fue un hombre y un caballero.

Este prólogo es un texto escrito por Will Rogers y publicado por el New York Times el 18 de julio de 1931. Es un bello tributo a un actor de Hollywood:

Beverly Hills, California, a 17 de julio.

Él había trabajado en el cine por años; era uno de los mejores vaqueros y el mejor lazador que he visto. Ustedes los espectadores no lo conocen, porque él solamente hacía el trabajo rudo y el que requería mayor habilidad; cuando el director quería una buena escena a caballo, decía: “Pedro, haz esto en lugar de este maniquí caro, para que luego a él le hagan el close-up”. Tenía una gran sonrisa, bonitos dientes y una excelente disposición.

Te fuiste, Pedro, a un lugar donde tus obras tendrán el crédito debido: “Pedro León, en persona, muy bueno hombre.”[1] Para algunos, eras simplemente un vaquero mexicano, pero fuiste un hombre deveras para quienes te conocimos. Adiós, mi amigo.[2]

Queda de ustedes,

Will Rogers.

 ……

La primera vez que vi a Pedro León fue en 1920, en Palm Springs, California, donde se encontraba doblando a William Farnum en unas escenas a caballo, de la película The Orphan. Yo manejaba la publicidad de la compañía productora. Bill [Farnum] no acostumbraba usar dobles hasta 1919, año en que tuvo un accidente mientras filmaba una cinta de tema marítimo. Luego de haberse casi ahogado y de sufrir una pleuresía por la prolongada exposición a los elementos en la Isla de Santa Cruz, usar dobles se convirtió en una necesidad para él.

Todos observábamos a Pete, como lo llamábamos, galopando como alma que lleva el diablo por un cañón empinado, para luego saltar un barranco y seguir su carrera por el desierto. Tenía una figura magnífica: era alto y musculoso; su cabello era negro y rizado y sus dientes, blanquísimos. Para lo que uno no estaba preparado era para la ternura en su mirada.

Pete era vaquero y uno de los mejores lazadores en California. Rompió su propio record en ese año, cuando logró lazar simultáneamente trece caballos cabalgando en fondo. Pete era invaluable para una compañía productora: “Pete, da ese salto ¿quieres?”; ¿dónde está Pedro León?” y así todo el tiempo.

Recuerdo una escena filmada cerca de una caída de agua en las montañas, a gran altura sobre el desierto. La productora había construido una cabaña en que se tomarían varias escenas. En esa región se corría el peligro de toparse con un ciempiés o una serpiente venenosos, así es que Pete revisaba la cabaña cuidadosamente antes de que nadie más entrara, para ver si algún reptil había entrado durante la noche. Tejió una reata minúscula con un pelo de caballo y salió del lugar con un ciempiés de quince centímetros que había lazado con ella.[3]

Lo he visto atrapar víboras de cascabel como si fueran cachorritos, extraerles los colmillos y guardarlos en una jaula. Las tomaba por la parte de atrás del cuello, presionando el pulgar y el índice a la altura de la articulación de la mandíbula. Con frecuencia las lazaba con una reata de pelos trenzados de caballo, pero esto último nunca lo vi hacerlo.

 

Pedro León y William Farnum en la filmación de una escena.

Pedro León y William Farnum en la filmación de una escena.

 

Farnum montaba un caballo nervioso y un día se tenía que tomar una escena; él se encontraba en una meseta, sobre un llano. Indios y vaqueros peleaban abajo y los balazos volaban en todas direcciones. El caballo de Bill se movía nerviosamente en el borde de la meseta, a una altura de casi setenta metros del suelo, donde se filmaba la pelea. Pedro se colocó detrás de Farnum, fuera de cuadro. Tenía una reata sobre el brazo; en esta ocasión, una de cuero grueso.

Noté que observaba a Farnum con mirada de halcón. Cuando se terminó de tomar la escena, me acerqué y le dije: “Pedro, ¿estaba usted ahí por si el caballo del Sr. Farnum se hubiera desbarrancado?”. Él volteó rápidamente, con los ojos llenos de lágrimas, para mi sorpresa. “Vio usted eso, señorita?”, preguntó. Le tenía verdadera devoción a Farnum. “Sí, el caballo se hubiera desbarrancado. Pero yo salvo al Sr. Farnum. Yo lo lazo a él, no al caballo”.[4]

Al día siguiente, Pedro recibió la noticia de que su nuevo heredero era niño. J. Gordon Edwards, director de cabecera de Farnum, hizo posible que Pedro viajara en avión a Los Ángeles y alguien “pasó el sombrero”, que le fue entregado al vaquero con muchas felicitaciones manifestadas en efectivo.

Yo dejé Hollywood poco tiempo después y pasaron años antes de que regresara. Fui a la locación de The Virginian[5] para escribir un reportaje sobre los trabajos de filmación y ahí estaba Pete, ocupado con docenas de caballos y un millar de cabezas de ganado para una escena de estampida. “¡Hola, Pete!” lo saludé. En su cara apareció una luminosa sonrisa: “Señorita Helen. Usted de vuelta, ¿sí?”.

“¿Cómo está la criatura, Pete? Ese niño ya debe usar pantalones largos”.

El rió. “Lo hará muy pronto. Ya tiene una hermanita. Tiempos muy buenos para mí. Mucho trabajo”.

Desde hacía tiempo, él había estado tratando de conseguir una plaza fija [en los estudios], no solamente ser contratado por película; lo había logrado. La última vez que lo vi estaba en The Lash, la película de Richard Barthelmess, galopando como loco por la locación, sin tiempo para platicar; solamente me saludó ondeando su sombrero, con su sonrisa luminosa de siempre, al pasar por donde estaba yo sentada, al lado de la silla del director, ocupada por Frank Lloyd en esa ocasión.

El método de Pete para enseñar a la gente a montar a caballo era sencillo y seguro. Los hacía montar diariamente por dos o tres horas. En una semana, los discípulos se acostumbraban al movimiento del animal y estaban listos para galopar o trotar. Aprendían a mantenerse sobre el caballo, que es la habilidad fundamental de un buen jinete. Una vez adquirida ésta, lo demás es fácil.

Pete era una de esas personas que parecen estar siempre a mano cuando hay algún problema. Antes de entrar en la industria del cine, cabalgaba un día por las montañas y pasó cerca de una cabaña alejada de todo.

Aunque no se veía a nadie, Pete creyó escuchar a alguien quejándose en el interior y se paró a averiguar.

Una mujer muy joven yacía en un camastro, en la agonía del parto. Su esposo había salido en busca del doctor, pero bien podría amanecer antes de que pudiera estar de regreso. Pete decidió que el parto habría terminado para entonces. Le preguntó gentilmente a la muchacha si le permitiría ayudarle. En este tipo de situaciones, la naturaleza humana acepta sin cuestionar la ayuda que le envían los dioses.

Gradualmente el alivio reemplazó al dolor en el rostro de la joven, quien preguntó: “¿Usted cree que…que pueda ayudarme?”

Y así como cientos de veces había echado una mano a sus borregas a dar a luz, Pete asistió a esta madre humana a traer al mundo a un robusto bebé.

Pete no era letrado.

Era algo superior: el verdadero hombre noble del campo.

Adiós, Pedro León.[6]

 

 

 

 

 


[1] El texto entre comillas estaba en español en el original, tal como lo escribió Will Rogers.

[2] Esta frase también en español en el original.

[3] Su habilidad para tejer reatas de pelo de caballo  era ampliamente conocida.

[4] El tiempo del verbo usado por Pedro León se respetó.

[5] La versión dirigida por Tom Forman y estelarizada por Kenneth Harlan, de 1923.

[6] En español en el original.

%d bloggers like this: