Los otros grandes actores.

La frase “no hay papel pequeño” se ha convertido en lugar común, pero no por eso es menos verdadera. Cada personaje, por corta que sea su participación en una historia, aporta significado y contribuye a crear un ambiente y a manifestar valores y pautas de cultura; con frecuencia se involucra también en la resolución del conflicto presentado por el argumento.

En consecuencia, podemos hablar de papeles cortos, mas no pequeños. Gran parte de las películas de ficción están pobladas de caracteres que representan a la sociedad en que se desenvuelve la trama; en este contexto, los personajes episódicos adquieren especial relevancia y requieren actores de gran talento, que logren transmitir eficazmente su naturaleza y su actitud ante la vida.

Nikolái Klado[1] atinadamente explica que los caracteres episódicos muestran la complejidad y la contradicción del tejido social y permiten observar a los personajes protagonistas en interacción con su entorno, sea en situación de ventaja, equidad o sumisión.

En el cine mexicano encontramos infinidad de ejemplos para las aseveraciones de Klado. Podemos recordar a Lupe del Castillo y Conchita Gentil Arcos, quienes con una mirada hacían sentir todo el peso del control social a cualquier pobre mujer seducida y abandonada. O a Leonor Gómez y Emma Roldán como furibundas comadres de vecindad, defendiendo lo suyo con la lengua y con las uñas. Es inolvidable Manuel Pozos en sus papeles de viejo usurero y libidinoso, como lo es Humberto Rodríguez en papeles de pequeño empleado, burócrata o marido sumiso.

El cine mexicano ha tenido la fortuna de contar con éstos y otros grandes actores para la interpretación de papeles cortos. Aunque un buen número de ellos se formaron expresamente como actores de cine, muchos otros tenían ya trayectorias sobresalientes en otros campos.

Varios pioneros cinematográficos, luego de ver truncadas sus carreras como productores y/o realizadores, no quisieron abandonar un medio que los apasionaba y se avinieron a interpretar papeles de soporte, algunos de ellos inolvidables. Entre ellos podemos contar a Mimí Derba, Manuel Ojeda y Guillermo Calles. Otros más aunaban su experiencia como pioneros del cine a una larga carrera teatral, como Joaquín Coss y Manolo Noriega.

Muchos actores y directores teatrales de éxito solían aceptar papeles episódicos en cine, sin por ello abandonar su medio de origen. Entre ellos estaban Isabelita Blanch, Aurora Campuzano, Paco Martínez, Ricardo Mondragón, Felipe Montoya y Fernando Wagner.

El teatro de carpa, además de aportar estrellas al cine mexicano, también lo proveyó de actores capaces de crear personajes inolvidables en papeles cortos, como Amelia Wilhelmy, Eusebio Pirrín don Catarino y Mario García Harapos.

Personajes famosos en varios campos del arte, como el laureado compositor Manuel Esperón y la notable artista de la danza Gloria Mestre destacaron en papeles cortos.

Los periodistas de cine Carlos Bravo Fernández Carlhillos, José María Sánchez García, Roberto Cantú Robert y Esteban V. Escalante no eran ajenos a participar “del otro lado de la cámara” con éxito y lo mismo hicieron en múltiples ocasiones deportistas como los luchadores profesionales Guillermo Hernández Lobo Negro y Alejandro Cruz Black Shadow.

Hubo, por supuesto, un gran número de actores que dedicaron buena parte de su actividad a interpretar papeles episódicos en el cine. El primer nombre que viene a la mente es el de la inolvidable Leonor Gómez, cuya filmografía es la más extensa en la historia del cine mexicano. Aunque en las bases de datos más conocidas suelen reconocérsele alrededor de 150 películas, parece más acercado el cinéfilo que le atribuye casi mil títulos. Sería imposible hacer aquí una lista completa de los actores que se convirtieron en rostros familiares para el aficionado al cine mexicano; de todos modos, podemos recordar unos cuantos nombres: Hernán Vera, las hermanas Gentil Arcos; Humberto Rodríguez; las tres Lupes (Carriles, Inclán y del Castillo); Eva de la Fuente, Dolores Camarillo Fraustita, Héctor Mateos…

Ver a cada uno de ellos en pantalla era algo más que ver a un actor representando un personaje; era también el sentirse “como en casa”; ver rostros y figuras tan familiares como las que se ven al recorrer las mismas calles todos los días; los agradables y los antipáticos; los amistosos y los temibles; todos ellos parte de una comunidad virtual a la que el espectador sentía pertenecer.

Debido al realismo de la mayoría de los personajes creados por estos actores y la eficaz interacción entre ellos, el espectador podía –y posiblemente todavía lo haga- identificarlos con personas y situaciones de su vida cotidiana.

Y aunque exista la idea de que el público acudía al cine por ver a las estrellas, el afecto y la admiración con el que aún se recuerda a estos actores episódicos –de los cuales en ocasiones no se sabe el nombre, pero sí sus características y papeles- dan cuenta de su relevancia para el espectador.

La misma publicidad cinematográfica mexicana incluía a personajes episódicos en fotos fijas, fotomontajes y aún en algunos carteles, lo que da idea de que tanto el productor como el distribuidor de las cintas eran conscientes del atractivo que tenían éstos para el espectador.

Esta sección está dedicada a presentar pequeñas galerías de imágenes y artículos cortos sobre algunos de estos inolvidables actores y los personajes a los que dieron vida.


[1]Klado Nikolái “El personaje episódico”. Films Soviéticos. Junio 6, 1960. p. 20-23.

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